martes, 3 de diciembre de 2013

Cosas radiadas

Hace algunos meses, estaba yo súper fastidiada por culpa de una contractura cervical que no se quitaba ni con masajes, ni con calor local ni con nada, así que me fui directa a urgencias.
En el hospital, la persona que te toma los datos antes de pasar al médico y yo tuvimos esta conversación:

- Esa persona: ¿Cuál es el motivo de tu venida?
- Yo: Me duele mucho el cuello, lo tengo súper agarrado.
- ¿Alérgica a algún medicamento?
- No, que yo sepa.
- ¿Alguna enfermedad diagnosticada?
- Sí, tengo neurofibromatosis.
- ¿Tienes radio? (así, sin anestesia ni nada).
- (yo, pensando, con las ruedecitas de los cómics sobre mi cabeza: "¿en serio me ha preguntado si tengo radio? ¿se referirá a la del coche?")
- En alto: ¿Ein?
- Sí, que si tienes radio.
- ¿Perdón?
- Verás, en el brazo hay dos huesos (con voz de Barrio Sésamo), el cúúúúbito, y el raaaaaaadio (señalándolos) ¿Tú tienes radio?
- Ah, pero ¿se puede no tener radio?
- Sí, a veces, las personas que tienen neurofibromatosis no lo tienen ¿tú tienes radio? (jartible la muchacha con la preguntita)
- Pues no lo sé, pero aquí hay un hueso (lo señalo).
- Claro, pero es posible que sea todo cúbito ¿es tu caso?
- (rindiéndome) Pues mira, no lo sé, nunca me lo han preguntado (y mi madre al lado con cara de "ayyyy, pobrecita mi niña, que no tiene radio")
- Pues vamos a hacerte una radiografía para comprobarlo, ¿vale? (en plan hiperfeliz).

Un rato después

- Que sí, que tienes radio. Menos mal, ¿eh?
- ¿Me puede mirar el cuello ya, por favor?

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